Aikido. Filosofía de vida
En una reciente entrevista realizada al Sensei Robert Frager 6º Dan, que tuvo el privilegio de practicar en los años 60 junto a O-Sensei, le preguntaron cuál era su mejor recuerdo de la estancia pasada junto a Morihei Ueshiba. Él contestó que un día se levantó de buena mañana como era su costumbre y tras realizar algunos ejercicios de Yoga en el exterior de la casa, entró a su habitación para hacer su meditación matutina. Para su sorpresa, aquel día su mente se encontraba calmada y experimentó una cierta paz interior. Sintiéndose muy bien consigo mismo y sabiendo que en aquella época en el Aikikai Hombu Dojo se practicaba con el mismo uke durante toda la sesión, pensó que ese día entrenaría duro con algún segundo o tercer Dan (él era 1º Dan) con la intención de progresar lo más rápido posible. Pero antes de empezar la clase una chica occidental amiga suya se le acercó junto a un joven australiano, Bob, que vestía kimono nuevo y cinturón blanco, dejándolo a su cuidado. De pronto sus planes se vieron truncados y por su mente pasaron mil ideas y escapatorias posibles a una situación incómoda. Sólo tenía dos opciones practicar con un novato recién llegado o dejarlo a su suerte junto a los japoneses, y nunca mejor dicho porque no en vano el Aikikai Hombu Dojo recibía el sobrenombre del dojo del infierno, debido a la dureza de sus entrenamientos. Finalmente pensó que lo correcto era entrenar con Bob y olvidarse de sus perspectivas iniciales. A lo largo del entrenamiento miraba con envidia como sus compañeros japoneses literalmente volaban de un lado a otro en un sinfín de proyecciones, que daban un aspecto irreal y descorazonador a su propia situación, frente a un alumno novel que apenas si sabia moverse. No obstante se armó de voluntad y decidió ofrecerle a Bob el mejor Keiko (entrenamiento marcial) que jamás hubiera tenido, forzándolo hasta sus límites. Al cabo de un rato apareció en el tatami O-Sensei. Todos se sentaron en seiza y Ueshiba los escrutó con la mirada, al cabo de unos instantes y ante la sorpresa de todo el mundo dijo: “Nadie aquí está haciendo Aikido de verdad. No habéis entendido lo que es el Aikido. Ninguno de vosotros intenta cooperar. Nadie excepto por él” y señaló directamente a Robert Frager. En ese momento se dio cuenta de que O-Sensei había comprendido todo el drama por el que había estado pasando y cómo había reaccionado. Un regalo que jamás olvidó y que aún ahora, después, de muchos años sigue reciente en su memoria.