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		<title>Artes Marciales y No violencia</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Sep 2011 16:45:44 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Carmelo Ríos]]></category>
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		<description><![CDATA[Como practicante asiduo, investigador e instructor de artes marciales clásicas (Budo) durante mas de treinta y cinco años, y tras haber estudiado el mensaje de paz revelado al mundo por los grandes maestros y sus discípulos, me preguntaba sobre las aportaciones filosóficas, éticas y humanísticas que estas artes podrían ofrecernos ante el panorama mundial actual y las graves [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como practicante asiduo, investigador e instructor de artes marciales clásicas (Budo) durante mas de treinta y cinco años, y tras haber estudiado el mensaje de paz revelado al mundo por los grandes maestros y sus discípulos, me preguntaba sobre las aportaciones filosóficas, éticas y humanísticas que estas artes podrían ofrecernos ante el panorama mundial actual y las graves amenazas a las que se ve expuesto el hombre de hoy.<br />
¿Que respuestas, qué soluciones pueden ofrecer a los interrogantes acerca del incierto futuro y a<br />
la grave crisis, a la vez personal y colectiva, material, moral y espiritual que nos compromete a todos<br />
en el planeta Tierra?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siguir leyendo, descarga el articulo completo: <a title="PDF" href="http://mongaku.net/b/wp-content/uploads/2011/09/Artes-Marciales-y-No-Violencia.pdf">PDF</a></p>
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		<title>VIVIR ES ARDER</title>
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		<pubDate>Sun, 05 Dec 2010 12:51:08 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Uncategorized]]></category>

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		<description><![CDATA[Expresar lo invisible- que existe como verdad absoluta y constante, inalterada por el tiempo o la actividad del hombre- con la “ forma “ que deberá desarrollarse en el tiempo y ser revisada según el estado de la sociedad, tal es la misión y el destino que asume el arte. No se trata de crear [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Expresar lo invisible- que existe como verdad absoluta y constante, inalterada por el tiempo o la actividad del hombre- con la “ forma “ que deberá desarrollarse en el tiempo y ser revisada según el estado de la sociedad, tal es la misión y el destino que asume el arte.<br />
<span id="more-157"></span><br />
   No se trata de crear algo nuevo, o de cambiar aquello que nos ha sido transmitido desde la antigüedad, sino de sentir y recibir “algo“ que ha existido en otras épocas con el fin de iluminar la nuestra, y que ha escapado a nuestra atención.</p>
<p>   Expresar, gracias a la “formas“(kata) o a los movimientos del cuerpo, una especia de “mundo percibido“, respondiendo a los límites las artes marciales y a una búsqueda de lo real de la vida, una búsqueda de la verdad viviente. Esta búsqueda es lo que nosotros llamamos un arte de vanguardia. A todo joven que manifieste su intención de entrar en la vía de las artes marciales con la finalidad de realizar ese austero y muy feliz deber, no ceso de repetir que es necesario ser un verdadero y viviente artista marcial de vanguardia.</p>
<p>  Desde ahora, debemos obrar por un arte marcial que englobe técnicas, formas y expresiones aun no existentes, un arte marcial luminoso que no perjudique en forma alguna a la vida. Es en ese sentido que debería ser, hablando con propiedad, la “encarnación del aliento sutil del cosmos“, mas que una creación.<br />
  Con la finalidad de abrir este campo desconocido y de crear un  mejor y  buen Karate-do, sepamos que deberemos hacer frente a muchas dificultades, y que otras nos esperarán detrás de nuestros descubrimientos. Llegará el día en que, con pena, deberemos abandonar todo lo que hemos aprendido.</p>
<p>   La tradición propia del círculo de estudios que nos habrá educado ya no será de ninguna utilidad. </p>
<p> Por <strong>Hiroyuki Aoiki Sensei</strong></p>
<p><em>Nota del traductor:</p>
<p>  Este texto, escrito por el maestro Aoki, antaño confidencial, estaba reservado para los alumnos occidentales y formaba  parte del libro del maestro  Sigueru Egami “Kata de Karatedo“ que es considerado en Japón como una verdadera Biblia del karate tradicional. Egami sensei encargó a Aoki Sensei la responsabilidad de compilar y plasmar en imágenes los antiguos kata de la vieja tradición, pues consideraba que su alumno había alcanzado la mas alta cima del arte.<br />
</em></p>
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		<title>AIKIDO &#8211; Un modo de vida</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 16:58:33 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Vila]]></category>

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		<description><![CDATA[Morihei Ueshiba (1883-1969) fue un hombre profundamente espiritual y toda su vida estuvo impregnada por ese sentimiento. No obstante, él entendió la espiritualidad como algo que unía a los pueblos y no como un dogmatismo que los dividía. De ese camino surgió el Aikido, un modo de entender la vida y de vivirla en armonía [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Morihei Ueshiba (1883-1969) fue un hombre profundamente espiritual y toda su vida estuvo impregnada por ese sentimiento. No obstante, él entendió la espiritualidad como algo que unía a los pueblos y no como un dogmatismo que los dividía. De ese camino surgió el Aikido, un modo de entender la vida y de vivirla en armonía con la naturaleza y sus leyes, un intento por llegar a la comprensión de la diversidad en la unidad. En una época turbulenta como la que le tocó vivir y durante la cual la primera bomba atómica irrumpió en la escena mundial haciendo estragos entre la población nipona, él supo hacer del Aikido una vía de reconciliación y de cooperación entre todos los seres, con independencia de su credo o raza. Tras años de fundación del Aikido, cabe preguntarnos si en el corazón de sus practicantes anida ese sentimiento de unidad, si su comportamiento es el reflejo de una vida dedicada a la búsqueda de un saber interior más allá de la mente racional.</span></p>
<p><span style="font-family: Arial, sans-serif;">Descarga el artículo completo en formato [<a href="http://mongaku.net/b/wp-content/uploads/2010/08/Aikido-Un-modo-de-vida.pdf">PDF</a>]</span></p>
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		<title>Canto del Sanyasin</title>
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		<pubDate>Thu, 06 May 2010 12:37:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>csch</dc:creator>
				<category><![CDATA[Carmelo Ríos]]></category>

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		<description><![CDATA[Más allá de nacimiento y muerte, alcanzado por tapas renunciantes está Él, ¡mi Señor de gloria resplandeciente!¡Canta su alabanza! ¡Reza incesantemente! El Señor de los Cielos te mostrará la Tierra del Dharma. Tirumantiram 1614 INTRODUCIR LA CANCIÓN DEL SANNYASIN ES ALGO PARA NADA FÁCIL DE HACER, PERO LO INTENTARÉ DICIENDO PARA COMENZAR QUE LA RENUNCIACIÓN [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Más allá de nacimiento y muerte, alcanzado por tapas renunciantes está Él, ¡mi Señor de gloria resplandeciente!¡Canta su alabanza! ¡Reza incesantemente! El Señor de los Cielos te mostrará la Tierra del Dharma.</p>
<p><em>Tirumantiram 1614</em></p>
<p>INTRODUCIR LA CANCIÓN DEL SANNYASIN ES ALGO PARA NADA FÁCIL DE HACER, PERO LO INTENTARÉ DICIENDO PARA COMENZAR QUE LA RENUNCIACIÓN DEL MUNDO NO ES PARA TODOS, PERO LO ES PARA MUCHOS. Por ejemplo, si dos tercios de las personas de este planeta fueran líderes espirituales y tuvieran nada más en su mente que difundir el dharma de pensamiento correcto, palabra correcta y acción correcta, ¿no tendríamos acaso el más maravilloso mundo? Sería en verdad una aldea global, un refugio, un mundo de maravilla. Pero durante este yuga, puede que no sea posible porque almas jóvenes habitan el planeta en abundancia, y el único método de disciplina entre ellas es con el hacha, el látigo y con palabras duras e insultantes. De esta manera ellos adquieren mucho karma para ser elaborado en otro nacimiento. Esto tiene mucho sentido, ya que si ellos no crearan nuevo karma ellos no reencarnarían y nunca se volverían almas maduras. Son las tragedias, las heridas, los temores, los argumentos que se mantienen sin resolver, lo que incita a las almas jóvenes a ir a adelante. Ellas aprenden por sus propios errores, pero muy lentamente, tomando las lecciones de sus experiencias y siempre echándole la culpa a otros de lo que les sucede a ellos. Por esto y por la mayoría de lo dicho anteriormente, es que podemos distinguir entre un alma madura de una en grado intermedio y de aquella no-verificada.<br />
<span id="more-129"></span><br />
Las almas intermedias luchan con sus emociones; ellas se dañan a sí mismas más que a otros. La equivocación no es un enemigo. Ella es el maestro de nuevos descubrimientos. De ellos es la interminable búsqueda. De ellos es el interminable no poder alcanzar el final de la búsqueda. A diferencia de las almas jóvenes, sus deseos están bien definidos. A diferencia de las almas jóvenes, su intelecto tiene algún desarrollo, puede no ser agudo pero es utilizable. Para ellos la religión es una solución aceptable. Ellos no son supersticiosos, en el sentido de creer en lo que no comprenden, como sucede con las almas jóvenes. Ellos deben ser satisfechos con razones adecuadas de por qué, como y qué es lo que depara el futuro. Todas las almas intermedias deben aprender a no arrastrar el pasado con ellos a través de la vida en forma de resentimiento, sin perdonar a través de no olvidar. Esta es una lección y esta solo las distingue de sus ejemplos más maduros. Pero ellas acuden a las almas maduras para ayuda y consuelo, buscando tomarles la mano, apoyarse en sus hombros y compartir con ellas algo de sus bagajes de experiencia.</p>
<p>Sannyasa es para las almas maduras. Estos seres inteligentes, misericordiosos, confían en sus memorias de su pasado cuando eran almas jóvenes. Ellas confían en sus habilidades superconscientes de mirar registrar y examinar toda situación, acontecer, del pasado, presente y futuro. Su prueba, y su prueba suprema es equilibrar su vida interna y su vida externa. Por lo tanto ellas renuncian al mundo, y en su renunciamiento, el mundo que ellas renunciaron, las renuncia a ellas. Su humanidad está aún allí, su esfuerzo está aún allí, y su búsqueda de aclaraciones está aún allí. Pero lo que no está allí es el sentido de su pequeño ser. El sentido del pequeño yo. El sentido de “yo y mío” es reemplazado por “nosotros” y “nuestro”.</p>
<p>No todas las lamas maduras están listas para las sagradas órdenes de sannyasa, pero algunas lo están, y estas pocas poseen cualidades especiales. La lealtad a su linaje es una de las más importantes y la otra es amor en su voluntad. Esto significa que ellas hacen que aconteceres tengan lugar en el mundo externo. Ellas efectúan cambios, pero no reclaman recompensa ni reconocimiento. Ellas no se ponen de mal humor si la apreciación no aparece. Ellas continúan hacia delante, siempre impulsadas por su espiritualidad, esa fuerza de inspiración que está siempre en movimiento que apaga al ego externo y da crédito a los otros. Esa habilidad recompensadora de examinar el futuro, prepararse y guiar a otras hacia él, es algo que deben desarrollar.</p>
<p>Las almas jóvenes se unen entre ellas. Las almas intermedias se unen con proyectos y con el aprendizaje de cosas nuevas, uniéndose con la mente y con el intelecto. Las almas maduras buscando el Ser más allá, se unen con el Espíritu y con cosas espirituales. Para ellas llama una vida casi perfecta y pura. Ellas saben intuitivamente que la unidad profunda de jiva con Siva no es una tarea fácil, que se lleve a cabo en un seminario o en una clase de yoga de fin de semana. Por lo tanto ellas van más allá, ellas renuncian, ellas adoptan los ideales de los cuatro Vedas – no para repetirlos de memoria, sino para vivirlos, así como hicieron los rishis de la antigüedad. Eso conduce al sendero del renunciante, del sannyasin, en la tradición de la India.</p>
<p>Si bien tú puedes no renunciar al mundo formalmente, puedes beneficiar tu búsqueda enormemente sabiendo cómo aquellas grandes almas viven y responden a la vida. Tú puedes en el medio de tu vida encontrar maneras de seguir su ejemplo.</p>
<p>Date cuenta que los sannyasins, los sadhus y la multitud de mendicantes sin nombre de las ordenes tradicionales del Hinduismo (se estima que ellos son unos tres millones) han construido dentro de ellos la estructura espiritual, social, cultural que ha sobrevivido sitio y pestilencia dentro de los países en los que ellos sirven. Pero lo más importante, ellos han sobrevivido el sitio de su propio ser bajo, la pestilencia de su propia mente y se han elevado a las alturas. Este libro, Uniéndose a Siva, contiene dentro la sabiduría que, una vez leída y comprendida, se vuelve conocimiento para lograr la conquista de las conquistas, la victoria sobre la mente instintiva-intelectual y todo lo que esta contiene. Todo esto y más es resumido tan elocuentemente en la “Canción del Sannyasin”, un poema conmovedor escrito por Srila Sri Swami Vivekananda Maharaj (1863-1902), compuesto en Julio, 1885, en Thousand Island Park, Nueva York. Vívelo, simplemente vívelo, y trata de realizar en tu vida estos grandes ideales. Procede con confianza, ya que la unión con Siva esta asegurada y cierta. Esa es la forma en que es y esa es la forma en que es. Aum.</p>
<p>Canción del Sannyasin</p>
<p>¡Despierta la nota! La canción que tuvo su nacimiento<br />
lejos, donde mancha mundana no puede nunca alcanzar,<br />
en cavernas de montañas y claros en lo profundo del bosque,<br />
cuya calma ningún suspiro por lujuria o riquezas o fama<br />
podría jamás romper; donde llevó el torrente<br />
de conocimiento, verdad, y dicha que sigue a ambos.<br />
¡Canta alto la nota, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>¡Cercena vuestros grillos! Ataduras que os subyugan,<br />
de brillante oro, o más oscuras, de bajo cobre –<br />
amor, odio; bueno, malo; y toda la multitud dual.<br />
Sabe que esclavo es esclavo, acariciado o fustigado, sin libertad;<br />
Ya que grillos, aunque de oro, no son menos fuertes para encadenar.<br />
¡Entonces quítatelos, sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>Deja que las tinieblas se vayan; la quimera que guía<br />
con luz parpadeante a apilar mas penumbra sobre penumbra.<br />
Esta sed de vida calma para siempre; ella arrastra al alma<br />
De nacimiento a muerte y de muerte a nacimiento.<br />
Conquista todo aquel que se conquista.<br />
¡Conoce esto y nunca cedas, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>“El que siembra debe cosechar”, dicen, “y causa debe traer<br />
el seguro efecto: bien, bien; mal, mal; y nadie<br />
escapa a la ley. Pero quien viste una forma<br />
debe vestir la cadena.” Tan cierto, pero más allá<br />
tanto de nombre como de forma está atman, por siempre libre.<br />
¡Sabe que tú eres Eso, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>No conocen verdad quienes sueñan tales vacíos sueños<br />
Como padre, madre, hijos, esposa y amigo.<br />
El Ser sin sexo – ¿padre de quién es El? ¿hijo de quién?<br />
¿amigo de quién, enemigo de quién es El que no es sino Uno?<br />
El Ser es todo en todo – nadie más existe;<br />
¡Y tú eres Eso, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>No existe sino Uno: el Libre, el Conocedor, Se,<br />
Sin nombre, sin una forma o mancha.<br />
En Él está maya soñando todo este sueño.<br />
El Testigo, El aparece como naturaleza, alma.<br />
¡Sabe que tú eres Eso, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>¿A dónde va tu búsqueda? Esa libertad, mi amigo, este mundo<br />
no pueda dar. En libros y templos,<br />
tú buscas en vano. Tuya sola es la mano que sostiene<br />
la soga que continúa arrastrándote. Entonces cesa el lamento.<br />
¡Deja de asirte, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>Di, “Paz a todos. No corren riesgo por mi<br />
nada que viva. In aquellos que moran en lo elevado,<br />
en aquellos que se arrastran bajo &#8211; ¡yo soy el Ser en todos!<br />
A toda vida, aquí y allá yo renuncio,<br />
a todos los cielos, tierras e infiernos, todas las esperanzas y los temores.”<br />
¡Entonces corta tus ataduras, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>No prestes más atención a cómo el cuerpo vive o va.<br />
Su misión esta cumplida: deja que el karma lo hunda.<br />
Deja que uno le ponga guirnaldas, que otro patee<br />
este cuerpo: no digas nada. No pude haber elogio ni culpa<br />
cuando el que elogia y el elogiado, el que culpa y el culpado , son uno.<br />
Entonces está calmado, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>La verdad nunca viene donde lujuria, fama y ambición<br />
de ganancias residen. Ningún hombre que piense en una mujer<br />
por esposa puede ser perfecto;<br />
ni aquel que posee alguna cosa, ni aquel<br />
a quien la ira encadena, puede pasar por las puertas de maya.<br />
De modo que renuncia a ellos, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>No tengas hogar. ¿Qué  hogar puede albergarte a ti mi amigo?<br />
El cielo es tu techo, el pasto tu lecho, y comida<br />
lo que el azar traiga – bien cocida o mala, no juzgues.<br />
Ni comida ni bebida puede manchar el noble Ser<br />
Que se conoce a sí mismo. Como río torrencial libre<br />
siempre serás, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>Sólo pocos conocen la verdad. El resto te odiará<br />
y se burlará de ti, magno; pero no prestes atención.<br />
Vé tú, el libre, de lugar en lugar, y ayúdalos<br />
a salir de las tinieblas, el velo de maya. Sin<br />
Temor al dolor, y sin buscar placer, vé<br />
Mas allá de ambos, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
<p>Entonces día tras día, hasta que el poder de karma es agotado,<br />
Libera el alma para siempre. No hay más nacimiento,<br />
No yo, no tú, no Dios, no hombre. EL “Yo”<br />
se ha vuelto Todo, el Todo es “Yo” y dicha.<br />
Sabe que tú eres Eso, Sannyasin audaz! Di,<br />
&#8220;Om Tat Sat, Om!&#8221;</p>
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		<title>Código del Samurai  Errante</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Apr 2010 16:34:00 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Carmelo Ríos]]></category>
		<category><![CDATA[Budo]]></category>

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		<description><![CDATA[- No tengo padres, hago de los Cielos y de la Tierra mis padres. - No tengo hogar, hago de mi propio Yo mi hogar. - No tengo poder divino, hago de la Honestidad mi poder divino. - No tengo poder mágico, hago de la Fuerza Interior mi poder mágico. - No tengo vida ni [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- No tengo padres, hago de los Cielos y de la Tierra mis padres.<br />
- No tengo hogar, hago de mi propio Yo mi hogar.<br />
- No tengo poder divino, hago de la Honestidad mi poder divino.<br />
- No tengo poder mágico, hago de la Fuerza Interior mi poder mágico.<br />
- No tengo vida ni muerte, hago de la Eternidad mi vida y mi muerte.<br />
- No tengo cuerpo, hago del Coraje mi cuerpo.<br />
- No tengo ojos, hago del Relámpago mis ojos.<br />
- No tengo oídos, hago de la Sensación mis oídos.<br />
- No tengo miembros, hago de la Anticipación mis miembros.<br />
- No tengo reglas, hago de mi Auto-Protección mis reglas.<br />
- No tengo destino, hago del Aquí y del Ahora mi destino.<br />
- No tengo principios, hago de la Adaptabilidad mis principios.<br />
- No tengo milagros, hago de la Justicia mis milagros.<br />
- No tengo técnicas,  hago del Vacío y de la Plenitud mis técnicas.<br />
- No tengo talento, hago del Espíritu Alerta mi talento.<br />
- No rengo amigos, hago de mi Mente mi amigo.<br />
- No tengo enemigos, hago de mi Imprudencia mi enemigo.<br />
- No tengo armadura, hago de la Compasión y de la Rectitud mi armadura.<br />
- No tengo Castillo, hago de la Sabiduría Inmutable mi castillo.<br />
- No tengo sable, hago de la Vacuidad  mi sable.</p>
<p>(Atribuido a  Arima, un samurai del siglo XIV)</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Herreros y Alquimistas</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Mar 2010 16:27:01 +0000</pubDate>
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				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Alquímia]]></category>

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		<description><![CDATA[Extrato del precioso libro de Mircea Eliade: &#8220;El primer tablero del díptico que forma este reducido volumen presenta un grupo de mitos, ritos y símbolos particulares de los oficios de minero, metalúrgico y forjador, tal como pueden aparecer ante un historiador de las religiones. Apresurémonos a decir que los trabajos y conclusiones de los historiadores [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Extrato del precioso libro de Mircea Eliade:</p>
<p><em>&#8220;El primer tablero del díptico que forma este reducido volumen presenta un grupo de mitos, ritos y símbolos particulares de los oficios de minero, metalúrgico y forjador, tal como pueden aparecer ante un historiador de las religiones. Apresurémonos a decir que los trabajos y conclusiones de los historiadores de las técnicas y las ciencias nos han sido de preciosa utilidad, si bien nuestra intención era otra. Hemos procurado comprender el comportamiento del hombre de las sociedades arcaicas con respecto a la Materia, de seguir las aventuras espirituales en las que se vio comprometido cuando descubrió su poder de cambiar el modo de ser de las sustancias. Acaso debiérase haber estudiado la experiencia demiúrgica del alfarero primitivo, puesto que fue el primero en modificar el estado de la Materia. Pero el recuerdo mitológico de esta experiencia demiúrgica no ha dejado apenas vestigio alguno. Por consiguiente, hemos tomado como punto de partida el estudio de las relaciones del hombre arcaico con las sustancias minerales y, de modo particular, su comportamiento ritual de metalúrgico del hierro y de forjador.&#8221;</em></p>
<p>Descarga el libro completo en formato [<a href="http://mongaku.net/b/wp-content/uploads/2010/03/HERREROS-Y-ALQUIMISTAS-Mircea-Eliade.pdf">PDF</a>]</p>
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		<title>Aikido y Sufismo</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Feb 2010 11:23:36 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Carmelo Ríos]]></category>
		<category><![CDATA[Aikido]]></category>

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		<description><![CDATA[En la tradición sufí es extremadamente importante la relación directa del discípulo con el sheij o maestro, como en la espiritualidad oriental lo es entre el estudiante y el gurú o el sensei. Y al igual que Rumi a los pies de su maestro Shams de Tabriz, también Morihei, otrora egocentrado, de carácter a veces [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>En la tradición sufí es extremadamente importante la<br />
relación directa del discípulo con el sheij o maestro, como en<br />
la espiritualidad oriental lo es entre el estudiante y el gurú o<br />
el sensei. Y al igual que Rumi a los pies de su maestro Shams de<br />
Tabriz, también Morihei, otrora egocentrado, de carácter a veces<br />
difícil, rígido, aunque compasivo pero orgulloso y vehemente,<br />
tal vez por una herencia cultural que concebía el alma como<br />
residiendo en el vientre (hara) vio y sintió elevarse su<br />
consciencia hacia el corazón y como consecuencia inmediata<br />
devino humilde, alegre, expandido, relajado y feliz. Bajo la<br />
influencia benefactora de Onisaburo vio consumirse hasta las<br />
cenizas (fná) su personalidad de hombre común, y abrasado por el<br />
amor puro hecho visible en la imagen de su bienamado maestro,<br />
también pudo decir, como Mewlana Rumi: “Estaba crudo. Fui<br />
cocido. Me consumí”</p>
<p>Descarga el artículo por Carmelo Ríos <a href="http://mongaku.net/b/wp-content/uploads/2010/02/AIKIDO-Y-SUFISMO-PDF.pdf">Aikido y Sufismo</a> [PDF]</p>
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		<title>Kyudo, el arte sagrado de la arquería japonesa</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Dec 2009 12:07:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>csch</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Michel Coquet]]></category>
		<category><![CDATA[Budo]]></category>
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		<description><![CDATA[La arquería japonesa o Kyudo, ya no es una disciplina reservada a una determinada elite como antaño, en la actualidad son muchos los japoneses que saben apreciar sus beneficios. Menos conocido en Occidente, el Kyudo es entre todos lo Budos el que ofrece una dimensión más puramente espiritual y trascendental. En este artículo sólo abordaré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La arquería japonesa o Kyudo, ya no es una disciplina reservada a una determinada elite como antaño, en la actualidad son muchos los japoneses que saben apreciar sus beneficios. Menos conocido en Occidente, el Kyudo es entre todos lo Budos el que ofrece una dimensión más puramente espiritual y trascendental. </p>
<p><span id="more-115"></span></p>
<p>En este artículo sólo abordaré los aspectos espirituales del Kyudo, pAquellosaAara aquellos que estén interesados en el aspecto técnico, existen varios libros específicamente dedicados a ello. Como la mayoría de los Budo que conocemos, la práctica de la arquería pasó del Kyujutsu al Kyudo, al igual que del Aikijutsu se pasó al Aikido. Esta diferencia es patente entre las dos grandes escuelas de Kyudo: Heki Ryu y Ogasawara. En la segunda, el estilo es muy codificado y se hace hincapié en la etiqueta, la ética, la calma mental y en el aspecto místico más elevado, el de realizar la esencia del Ser, siendo éste el objetivo del Kyudo en su dimensión última. </p>
<p>El Kyudo integró en sus prácticas principios filosóficos, religiosos e incluso esotéricos. Estos elementos fueron sacados del Ryobu-Shinto, un armonioso conjunto de prácticas surgidas del budismo y del sintoísmo, así como de prácticas procedentes del Shugendo. </p>
<p>Gracias al Maestro Masahiko Tokuda, actual responsable del estilo Heki Ryu, pude profundizar en el espíritu del Kyudo durante los años que residí en la bonita ciudad de Shizuoka. Durante cinco años, tuve la oportunidad de conocer a muchos expertos, pero raros aquellos que practicaban el Kyudo como una disciplina personal y como un medio para realizar el estado de perfecta vacuidad. UnidoA Afiliados al Sengen Jinja de Shizuoka, mi amigo Jacques Normand y yo tuvimos la oportunidad de frecuentar al gran Maestro Matsui Masakichi 10 º Dan. Fue durante la ceremonia del Año Nuevo que por primera vez asistimos a un ritual de Kyudo, en el que se utilizaban los principios esotéricos, tales como el tiro al vacío en las cuatro direcciones, o la ejecución de los Kuji Kiri, los nueve mudras que también encontré en  la escuela de sable Tenshin Shoden Katori Shinto Ryu o en el Ninjutsu, que antaño estaba vinculado a los ascetas de la montaña, los famosos Yamabushis. </p>
<p>El tiro de ceremonia es un verdadero exorcismo y en muchos casos (matrimonio, muerte, cosecha, etc.), se precisa de un experto reconocido por su pureza para poder llevar a cabo el ritual. En En varias ocasiones tuve el insigne privilegio de poder observar al Maestro Tokuda realizar este rito un tanto complicado, que precedía al tiro de las dos flechas. Durant Durante una ceremonia en honor a una persona difunta, el Maestro Tokuda se sirvió de la punta de sus flechas para trazar en el campo de tiro, la rejilla del kuji no in. eEl Maestro Risuke Otake, de la escuela Tenshin Shoden Katori Shinto Ryu, la utiliza también como técnica de curación. Todas estas prácticas son inherentes al Kyudo (y a otros budos), aunque en el mundo actual en el que vivimos tanto los instructores japoneses como los occidentales, han hecho del Kyudo más un deporte de competición que un yoga de realización.  El Kyudo es fundamentalmente Shinto, a pesar de las importantes influencias del budismo Zen y Shingon. </p>
<p>QuiQuien haya visitado el Japón, sabrá que a la entrada de los templos budistas o santuarios Shinto, el pórtico principal siempre está presidido por dos esculturas. En E e Por ejemplo, en el Sengen Jinja de Shizuoka son dos arqueros los que custodian la entrada. En los templos budistas, encontramos a dos poderosos guardianes de la tradición (Nyo-o), el primero tiene la boca abierta y según la tradición entona la vocal A, y el segundo tiene la boca cerrada y entona la vocal OUM. Lo que supone que todo hombre que penetre en el templo será instantáneamente purificado por la vocal sagrada AOUM, (el AUM u OM de los hindúes). Según la tradición oriental, este Verbo (la base del Kototama Shinto) es la causa y la fuente de vida de los mundos y de los universos, y si este Verbo dejase por un momento de ser emitido por Aquel de quien nada puede decirse, los mundos se extinguirían instantáneamente. El Ki o energía de vida es su principal emanación, de ahí su importancia en todos los sistemas de tendencia religiosa. Siempre encontraremos la presencia divina de este Verbo actuando y confiriendo la vida, el movimiento y la conciencia al mundo material, de ahí el eterno conflicto entre el espíritu y la forma, el Yang y el Yin, la atracción y la repulsión, la vida y la muerte, y todos los pares de opuestos bien conocidos por los practicantes del Budo. El oEl objetivo del Budo es precisamente eliminar esta dualidad, realizando un único estado de consciencia, simbolizado por el divino sonido OM. Este es el objetivo del Kyudo, aunque esto sólo sea abordado en los grados superiores. </p>
<p>Verbo o vacuidad, cualquiera que sea la forma de expresarlo, lo que se busca es un estado de consciencia pura no condicionada por el ego que es, recordémoslo, el conjunto de las tendencias humanas impresas en la memoria genética de un pequeño yo egótico y egoísta. Si sacamos esta mente tendremos la pura conciencia. LoLos Maestros nos dejaron una metáfora muy elocuente para comprender qué es el ego y cómo hacerlo desaparecer, para ello compararon a Dios (o el gran Desconocido) al océano, sobre el que surgen y desaparecen grandes olas (los sabios) y pequeñas olas (nosotros mismos). Imaginémonos que somos una de esas olas, cuando la tormenta de las pasiones empieza a soplar aparecemos en la superficie del agua y empezamos a observar a las otras olas. Esta observación nos hace creer que somos diferentes del océano, esta es la fase de la individualización que da nacimiento al sentimiento de separación. Si permanecemos en este estado, sufriremos constantemente la vida de las olas perpetuamente sujetas a las tormentas que aparecen para luego desaparecer sin tener una existencia real. El Kyudo consiste en interiorizar nuestra observación y mirar en nuestro interior con el fin de tomar conciencia de que no somos una simple ola, sino que como parte integral del elemento agua somos uno con el océano. El objetivo de todo ser humano  debería ser trascender el limitado estado de una ola para ser el océano infinito. Deberíamos hacernos la pregunta de cómo nace la ola y reconocer que es consecuencia de dos principios, uno activo y otro pasivo, como por ejemplo el viento actuando sobre el agua. Si comprendemos esta ley tan simple, comprenderemos que nuestras desdichas son consecuencia de esta perpetua dualidad. Los Maestros que crearon las normas y los principios del Kyudo, conocían bien estos principios tradicionales por eso se esforzaron en sacar a la luz, a través del gesto en el Kyudo, el máximo de estas dualidades para que una vez reconocidas, pudieran ser controladas y trascendidas. </p>
<p>La respiración, a través del doble acto de inspirar y expirar, es el medio para mantener la energía de vida o Ki en la forma. Este doble proceso es un símbolo de desequilibrio al que continuamente se ve sometida nuestra existencia, es un flujo y reflujo de energías, yin y yang, la dualidad constante entre la alegría y el sufrimiento, la paz y la guerra. El Budo es precisamente el arte de situarse en el punto preciso donde estas dualidades son destruidas, es decir, allí donde la conciencia es liberada de su eco y que llamamos vacuidad. </p>
<p>La dualidad nace con la mente, simple reflejo deformado de la verdad y causa de la ilusión que consiste en hacernos creer que sólo somos una ola. LaLa mente (el nombre que le damos a este eco) es al mismo tiempo nuestro peor enemigo, pero también el medio por el que podemos llegar a la disolución de esta ilusión. En una palabra, para vencer el eco, es necesario que desaparezcan las olas mantenidas por los vientos que son: la lujuria, la cólera, la avidez, la sensualidad, el apego, el orgullo, los celos, la impaciencia, etc. Debemos controlar los pensamientos surgidos de la mente y concentrarlos en un único punto mientras sea necesario. En Kyudo, este punto de concentración está simbolizado por el punto central de la diana (mato), si para el arquero occidental el objetivo es alcanzar la diana, para el Kyudoka la diana no es más que un pretexto para la concentración.
<p>A menudo se habla del centro último que debe ser conquistado, pero en realidad, hay tres etapas principales por las que debe pasar el practicante de Kyudo, que son consecuencia del descubrimiento de tres centros a medida de su elevación y perfección. El primer centro que debe ser descubierto y controlado es el Seika Tanden, situado bajo el ombligo, que es a la vez centro de integración de las energías del cielo y de la tierra, pero también el centro donde pueden ser anuladas todas las oposiciones de carácter físico. El segundo centro reside en el corazón, es el centro del amor donde se anula toda oposición psíquica y psicológica. El tercer y último centro es el más importante y se alcanza cuando la mente es purificada y libre de todo sentimiento egoísta. Es el vacío, el elemento más elevado del gorin japonés. </p>
<p>El Maestro Tokuda me explicó un día que era tan difícil para el Kyudoka unirse a su arco (yumi), que los antiguos Maestros lo identificaron a la divinidad budista Kannon, diosa de la compasión de naturaleza andrógina, con el fin de evitar una nueva dualidad (macho-hembra). El arco se convirtió entonces en un símbolo viviente y en un principio contenido en germen en el corazón del practicante. El arco distendido sin cuerda se considera como un cuerpo sin alma, y representa el mundo exterior de las cosas materiales. Para colocar la cuerda, es necesario doblar el arco inversamente a su curvatura natural, simbolizando el descubrimiento del lado oculto de la vida del alma y nuestra voluntad de descubrirlo en nosotros mismos. </p>
<pCon una altura de 2,20 metros aproximadamente, la forma del arco, una vez tensado, es el de una espina dorsal compuesta por dos curvaturas principales, la espalda (toriuchi) y la pelvis (teshita), la empuñadura (nigiri) se sitúa en los riñones, que en el cuerpo humano corresponden al Seika Tanden. Dada la identificación del arco con Kannon, está muy mal visto en un dojo poner el arco al revés. Gracias a este medio el espíritu del tirador ya no se identifica con un objeto material sino con una energía de amor y compasión. ¿Por qué es así? Porque el amor se manifiesta a nivel físico por la ley de la atracción y el amor impulsa a la unificación y a la cohesión. S Por este principio el arquero se unirá a su arco, el arco a la flecha y la flecha a la diana. </p>
<p>Sin embargo, nada puede ser realizado sin el poder del Verbo. Del mismo modo, el arco no es nada si no está unido y tensado por la cuerda (tsuru), que desempeña un papel esencial. Esta cuerda emite un sonido y puede ser identificado al Verbo. El sonido puede ser causado por el silbido de una flecha, como es el caso durante el Año Nuevo, o también dando palmadas como en el rito Shinto, que tiene por objetivo purificar, expulsando por el sonido y un corazón puro, las fuerzas malignas. La cuerda del arco es muy frágil, está hecha de cáñamo y resina de pino. ExpresaExpresa los estados del alma del tirador y muestra su grado de integración. Una mente ambiciosa, impaciente, irritada o simplemente cansada comporta a menudo la ruptura de la cuerda. Por Por el contrario, una mente serena, silenciosa y desapegada produce en la cuerda vibraciones de amor que podrán eventualmente aliviar males y que honrarán a los dioses (kami). En este caso, la cuerda emite un sonido particular que informará a un verdadero maestro de Kyudo sobre el grado de realización alcanzado por el discípulo. Así pues, en pExisten t Erimer lugar tenemos el sonido del culatín (neka hasu), después el de la cuerda (tsuru Oto), posteriormente el del impacto de la flecha, el kiai y finalmente el sonido que hacen las dos flechas girando una en un sentido y la otra en otro (rotación causada por el estabilizador). Una de las flechas (Aya) es yin y el kiai emitido es ya, mientras que la otra flecha (Otoya) es yang y  el kiai es ei. Estos grandes símbolos nos enseñan que tan sólo a nivel del sonido más elevado pueden unificarse las dos grandes fuerzas de la naturaleza. Esta es la razón por la cual el maestro insiste en que cada tiro sea considerado como un tiro único. Debe lanzarse como si sólo hubiera una única flecha, una flecha para toda la vida. </p>
<p>El MaestroEl Maestro Tokuda leyó en los escritos sagrados, de los cuales él era depositario, que el sonido AUM podía algunas veces oírse después del lanzamiento de la flecha. LanLiberar la flecha, es también liberar el eco y los dos movimientos deben ser uno sólo. Es una forma de expresar lo inexpresable traducido por la palabra Satori. Lanza </p>
<p>Tirar sin eco no es algo fácil sin el trabajo del día a día, y durante muchos años. Es necesario tirar sin pensar en quien tira, sin buscar recompensa ni autosatisfacción de colocar bien la flecha, de ser visto o admirado. ¿Qué existe si no hay eco? Pues bien, existe la esencia del «YO», expresión de nuestra realidad, de nuestra identidad real, pero purificada de la yuxtaposición de un pequeño yo que se cree una ola, que se cree esto o aquello mientras que simplemente «Es» El Zazen es un primer paso con la finalidad de mantener (al menos durante el tiro) la mente en la sensación de ser ese «YO», evitando que la mente se identifique a la personalidad momentánea. </p>
<p>La filosofía Zen del no aferrarse a nada, encontró un inmejorable marco de expresión en la liberación de la flecha, soltando o liberando a la vez una gran cantidad de malos hábitos y acciones inútiles y hasta malsanas, siendo las buenas acciones aquellas que son útiles al prójimo y que serán motivo de nuestra liberación. No podemos permanecer en un estado de abandono cuando todavía subsiste el deseo desenfrenado de gozar del mundo. Si se quiere ser libre, es necesario ser verdadero. El Budo no permite la mentira. ¡Es fácil escribir artículos eruditos sobre el Budo, pero más difícil es aplicar las leyes o considerarlo como otra cosa que un buen medio para subsistir! Debemos cambiar  toda nuestra forma de pensar y actuar para conseguir progresos notables. En el verdadero tiro, no existe ninguna satisfacción cuando se alcanza la diana, ni ninguna amargura cuando no se alcanza, todo esto pertenece al mundo y sin embargo es con una conciencia más allá del mundo que tiramos durante todo el ritual, es en el no-ser donde encontramos nuestra única motivación. </p>
<p>En En las instrucciones que me dio el Maestro Tokuda, entusiasta practicante y experto del Budismo esotérico Shingon, el arquero debe identificarse a un gorin como medio para comprender las cinco etapas esenciales en todo proceso de evolución, incluido el Kyudo. </p>
<p>La base cuadrada es el elemento tierra (chi) y representa la estabilidad y el equilibrio sobre el cual debe afianzarse el arquero al inicio de su disparo. Si colocarse en el dojo ante la diana resulta fácil, no ocurre lo mismo cuando debemos controlar los principios inherentes a la tierra, compuestos por nuestros más bajos instintos tales como el sentido de la propiedad, el sexo o la glotonería… El elemento agua (sui), representado por el círculo (una gota de agua) está presente durante el tiro en el instante en que los dos brazos del tirador cogen el arco y la flecha, antes de su elevación hacia el fuego y el aire. El Maestro Tokuda insistía a menudo en que colocáramos correctamente nuestro Seika Tanden para que el agua al derramarse no apagara el fuego del Ki. Es en el vientre donde se encuentra la mayor cantidad de agua y donde se generan las emociones y los deseos. Los ritos de purificación tales como el misogi, que implican una ética sin falta, son los medios para pasar del elemento agua al elemento fuego. Sin esta purificación, tal vez nos convirtamos en reputados expertos que han sabido localizar su Seika Tanden, pero ignoraremos dónde se encuentra el centro del corazón. El elemento fuego (ka) está representado por la figura del triángulo y se sitúa en el pecho y la garganta. EN EST eEn este estado ya no es la emoción lo que nos interesa sino la mente. ElEl Kyudo encontramos una serie de figuras triangulares como por ejemplo Ashi Bumi, la colocación de los pies para el tiro. Este triángulo es de aproximadamente 60° y está formado por la base de la espina dorsal en relación a los dos pies. Otros triángulos son más sutiles, como el formado por los ojos respecto a la parte frontal superior. </p>
<p>La mente es la llave del éxito en el Budo, y debe ser silenciada para dar paso al sentido de la intuición, para ello existe una forma de actuar durante la acción que podría traducirse por el siguiente proverbio: «La no-acción no es la ausencia de acción, pero en el corazón de la acción nadie está presente para actuar.» BajoEn la misma perspectiva, el Maestro Tokuda me repetía a menudo: «No se alcanza el objetivo con la flecha: la flecha llega al objetivo.» Adquirir una conciencia abstracta no es sencillo, de ahí la importancia de los koans Zen y de las meditaciones subjetivas. Este sentido abstracto o intuitivo debe ser desarrollado ya que será por y a través de él, que nos será posible penetrar en el elemento aire (fu). Cuando aprendemos a utilizar la intuición, entramos de forma natural en comunión con nuestro propio «YO» o Ser, y experimentamos el último elemento, el éter (ku), el estado vacío de eco, allí donde reina el perfecto silencio, donde puede escucharse el Aum sagrado, allí donde el tirador (el estado de vigilia), el arco y la flecha (el estado de sueño) y finalmente la diana (el estado de sueño sin sueños) desaparecen para dejar lugar a un cuarto estado, aquel que los trasciende a todos, desde siempre y para siempre. </p>
<p>Analicemos a continuación el ritual del tiro propiamente dicho. Después del saludo frente al Kamiza, con el fin de honrar a los Maestros, a los kamis y al Ser interno, el arquero se coloca (dozokuri) de perfil, con el lado izquierdo en dirección a la diana, dando comienzoAquí em a la fase de concentración. ¡Los Maestros de Kyudo dicen que nuestra concentración debe ser tan penetrante como la flecha! LaLa mano derecha sujeta la segunda flecha que se mantiene sobre la cadera derecha, mientras que la mano izquierda sujeta el arco enfrente, apoyado sobre la rodilla izquierda, y la flecha se coloca en el arco. Aquí es donde empieza a tener lugar aquello que diferencia el Kyudo nipón de la arquería occidental, en este instante el arquero toma conciencia objetivamente, con una extrema lucidez y una concentración sin falla, de todas las fases del tiro. La mirada (monomi) surje de la mano que sostiene el arco, sube hacia arriba, vuelve a bajar hasta la parte baja del arco, vuelve a subir hasta la mano siguiendo la flecha en el curso imaginario hasta la diana y luego vuelve de nuevo por el mismo camino hasta la mano izquierda. Este ritual tiene por objetivo transferir en el inconsciente aquello que debe hacerse durante la ausencia de nuestro eco. A partir de este momento y por un acto deliberado de su voluntad, el arquero inmoviliza completamente las ondas de su cerebro o los pensamientos de su mente, el eco es silenciado, entrando en una dimensión meditativa, el mundo desaparece y quien  entonces libera la flecha es el alma. </p>
<p>SeráA menudo hemos escuchado decir que hay que ver más allá de la diana. Sin embargo, esto sólo será válido durante el entrenamiento con el makiwara, en el que se busca extender el ki hasta el infinito, mucho más allá de la flecha. En esEn este estado, al estar la mente ausente, la vista no tiene ninguna importancia, y tal vez fuera lo que intentaba decirme el Maestro Tokuda con su infinita paciencia: «El ojo no ve la diana es la diana que va al ojo.» Los gestos simples y mil veces repetidos están perfectamente condicionados, los ciento ocho puntos son controlados y el tiro puede realizarse con una conciencia pura. </p>
<p>Ahora que está en perfecta armonía consigo mismo y con el universo, el arquero dirige su mirada hacia la diana y empieza el uchiokoshi. Conviene recordar que numerosos ejercicios pertenecientes, en mayor o menor medida, a la tradición del Kyudo han permitido al practicante despertar ciertas facultades dormidas. AquellosAquellos que mediten alcanzarán resultados con mayor rapidez, aunque éstos nunca deben buscarse. </p>
<p>VeaVeamos a continuación una lista de las cinco expresiones del prana (Ki) en el cuerpo, esto nos ayudará a comprender mejor el proceso de la respiración durante el ritual del Kyudo. Al no  Al no existir equivalencia al japonés, conservaremos las palabras en sánscrito.</p>
<ol>
<li>Prana es el aire inspirado. Está presente del ombligo a la garganta. </li>
<li>Samana es aire intermedio. Está presente del corazón al plexo solar. </li>
<li>Apana es el aire expirado. Está presente del ombligo al ano. </li>
<li>Udana es el aire que sube. Está presente de la nariz a la cúspide del cráneo. </li>
<li>Vyana es el aire omnipresente en todo el cuerpo. </li>
</ol>
<p>DurantDurante la elevación del arco actúa el Prana, gracias a él inspiramos el Ki y nos cargamos de vitalidad. Esta parte del Ki tiene también la propiedad de elevar las fuerzas hacia arriba.  </p>
<p>Por medio de una técnica especial y un acto de voluntad, el arquero se esfuerza en hacer descender el ki a la zona media (samana).  Posteriormente tiene lugar una fase de expiración y relajación de los hombros, pero sin que el prana deje la zona media. El próximo movimiento es el de la extensión del arco en dos tiempos: en el primero (daisan), se inspira y se sigue manteniendo una vez más el prana en el mismo lugar, y en el segundo el movimiento hikiwake el arco desciende hacia la cara y la cuerda se tensa hasta su máximo. Durante este descenso, se utiliza apana. El arquero debe entonces invertir su movimiento, es decir durante el descenso físico del vientre y del arco, ha hecho ascender el apana a la zona intermedia (samana). Es en este momento que el Sensei pide al discípulo que mantenga el arco tenso el máximo tiempo posible y por varias buenas razones. Técnicamente hablando, es en este momento que el Kyudoka simboliza la forma de una cruz perfecta, es decir, la unión del cuerpo y el Espíritu, o de la espina dorsal (energía solar) con la flecha (energía lunar). Esta unión del Yang y el Yin tiene su origen en una fusión más subjetiva. En efecto, prana y apana fusionados en la zona media tienden a invertir su polaridad, de antagonistas que son, las fuerzas pasan a ser complementarias. Este punto de fusión, como habremos adivinado, tiene lugar en el seika tanden. A medida que esta fusión progresa, el ki (o prana) unificado es atraído hacia udana que impulsa el Ki a penetrar en la parte sutil de la médula espinal, para luego despertar y elevar la potencia divina hasta los centros del cerebro. La plena expresión o liberación esférica del ki tiene lugar durante el lanzamiento de la flecha e implica entonces vyana, el aire omnipresente. </p>
<p>Para poder tensar el arco anulando en la mente todo concepto de dualidad, es necesario durante el entrenamiento (keiko) pensar de forma diferente y, en particular, ¡que la mano izquierda no empuje el arco sino que tire de la cuerda y que la mano derecha no tire la cuerda sino del arco! Se insiste para que en ese momento los pies estén firmemente enraizados en el suelo, la cabeza hacia el cielo y sobre todo que el cuerpo mantenga un estado de total relajación muscular. ¡Esto es totalmente imposible para los principiantes, por eso el instructor aconseja tensar con los huesos y no con los músculos, lo cual funciona bastante bien! </p>
<p>El punto más delicado es la mano derecha, la que lleva el guante, la responsable de liberar la flecha. ¿Cómo mantener una mente libre si es necesario durante el tiro pensar en sujetar la flecha? Para colmar esta laguna, los maestros idearon un guante con una muesca (en la raíz del pulgar) donde se coloca la cuerda. Llegado el momento, la muñeca se abre pivotando y libera la flecha sin voluntad del arquero. CoLa consecuencia de esta alquimia, mucho antes de que ocurra la disolución del eco, es esta capacidad para lanzar en un estado de perfecta serenidad sin ninguna intención ni voluntad como lo expresaba el Maestro Awa: «Algo tira en vosotros.» </p>
<p>El último instante es aquel que precede a la liberación de la flecha. Técnicamente, los dos dedos de la mano izquierda, pulgar e índice se asemejan al pico de un pájaro (uno kubi). Para sujetar correctamente el arco, se aconseja que ambos dedos se toquen, lo que por otra parte es imposible, pero al intentarlo el pulgar señala directamente a la diana, y en ocasiones hasta produce un cierto sonido. Cuando esto ocurre se dice que el pájaro canta. TrásTras liberar la flecha (hanare), se dice simbólicamente que el pájaro ha muerto y entonces la conciencia se sumerge en el gran silencio del zanshin. Nada puede decirse sobre lo que sucede luego, excepto que es el momento durante el cual se hará la experiencia del no-ser, un instante de eternidad en el que la ola vuelve a ser el océano.  </p>
<p>Terminaré esta limitada exposición sobre el espíritu del Kyudo, citando a Jacques Normand, consejero técnico de la Federación de Kyudo en Francia, quien a su vez citando las palabras del Maestro Anzawa, escribió que el Kyudo puede resumirse en tres palabras japonesas: Shin, Zen y Bi. Shin es la verdad, Zen es la pureza (esta palabra no tiene nada que ver con el Zen del budismo) y Bi es la belleza. Estas Estas tres palabras son la traducción de lo que debe expresar el espíritu, el alma y la personalidad, el resumen de lo que es un hombre verdadero.</p>
<p>Michel Coquet</p>
<p>Traducción: Jordi Vila Vila </p>
<p>Lecturas aconsejadas: </p>
<ol>
<li>«L’Arme de Vie» de Jérôme Camilly y Jacques Normand – Edition La Table Ronde. </li>
<li>«Le Zen dans l’Art chevaleresque du tir à l’Arc» de E. Errigel &#8211; Edition Dervy-Livres. </li>
<li>«Kyudo, un tir, une vie» de Michel Martin &#8211; Edition Amphora. </li>
</ol>
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		<title>Fudô Myô-ô. Símbolo de la vacuidad</title>
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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 11:47:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>csch</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Actualmente los practicantes de artes marciales están bien familiarizados con el budismo, el cual ha influenciado en gran medida la filosofía del Bûdo. Ver a Buda sentado en meditación ya no es algo que sorprenda a nadie, y oír hablar de Zen es algo habitual. No obstante y aunque esta imagen ya es más conocida, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Actualmente los practicantes de artes marciales están bien familiarizados con el budismo, el cual ha influenciado en gran medida la filosofía del Bûdo. Ver a Buda sentado en meditación ya no es algo que sorprenda a nadie, y oír hablar de Zen  es algo habitual. No obstante y aunque esta imagen ya es más conocida, existe en el esoterismo nipón, una forma igualmente popular entre los budistas de la secta Tendaï y Shingon, así como entre los ascetas de la montaña o Yamabushis, llamada Fudô Myô-ô.</p>
<p><span id="more-95"></span></p>
<p>Podemos decir que el budismo japonés tiene dos vías que conducen al mismo estado de perfección. La primera vía es yin, femenina y contemplativa, en ella  se hace hincapié sobretodo en el  aspecto conciencia del ser y es más adecuada, por ejemplo,  a los monjes zen. La segunda es yang, masculina y activa. Se dirige sobretodo al aspecto energía del ser y ha sido desde siempre la vía escogida por los monjes del budismo tántrico, así como por los guerreros obligados a actuar y vencer a los enemigos, tanto exteriores como interiores.</p>
<p>Cuando fui a vivir al Japón, no tenía ni idea que existiera esta deidad. Pero después de muchos años me fue imposible evitarla, al menos, dentro de los ámbitos en los que yo me movía, dojos y templos. Finalmente empecé a interesarme en Fudô Myô-ô profundamente, sobretodo gracias a mi instructor de Kyudô, el maestro Masahiko Tokuda, experto en esta forma de budismo esotérico. Para él, Fudô Myô-ô es en primer lugar el aspecto dinámico y vital del cuerpo de Buda. Cuando Buda sale de su contemplación para servir en este mundo, lo hace expresando las cualidades de Fudô Myô-ô. En segundo lugar, es el poder del fuego y de la voluntad, quienes deben permitir la destrucción del ego.</p>
<p>Tomé verdadera conciencia de su valor durante la practica marcial, en el curso de un kata superior ejecutado el primer día del año por el maestro Masakichi Matsui, 10º Dan de Kyudô. El kata estaba compuesto por una serie de complejos movimientos, de un disparo al vacío hacia los cuatro puntos cardinales y de la ejecución del <em>kuji kiri no in</em>, nueve gestos mágicos (mudra.) En otro artículo hablaremos con más detalle de esta técnica, pero lo que más me sorprendió fue que el rito se desarrolló en el ámbito de una ceremonia puramente shinto, aunque fuese una técnica utilizada también por los chamanes y los budistas. Lo he visto practicar en numerosas escuelas marciales y es también una técnica especifica de nuestra escuela Tenshin Shôden Katori Shintô Ryû. Tras esta demostración, le pregunté a mi sensei sobre el significado del kata, información que anoté con gran esmero.</p>
<p>En primer lugar, aprendí  que se trataba de un rito de exorcismo que tenía por objetivo principal, purificar un determinado lugar de toda fuerza impura o peligrosa. Más tarde, estudiando mis notas, me di cuenta que si cuatro de los gestos invocaban las deidades de los cuatro puntos cardinales, los cinco otros invocaban a los cinco poderosos dioses llamados Myô-ô (en sánscrito: <em>Vidyaraja</em>). La palabra “Vidya” significa conocimiento, y estos dioses aportan el conocimiento (vidya) de los tantra y otras practicas secretas y ocultas. Estas prácticas están basadas en la capacidad que posee un hombre entrenado en producir fenómenos milagrosos por medio de la voluntad y del conocimiento del sonido, como hacia el fundador del Aïki-dô al utilizar el kototama shintô. Si los antiguos maestros del Bujutsu añadieron tales elementos, es seguro que aportaban una auténtica eficacia y podían ser integrados a las técnicas,  tanto en la protección de sí mismo como en la realización del Ser.</p>
<p>Las mismas leyes universales utilizadas en la práctica marcial (equilibrio,  gravedad, cohesión, atracción, etc.) las encontramos en el budismo. Los expertos en combate se inspiraron en las enseñanzas del budismo esotérico para llegar a mejorar sus habilidades. Por poner un ejemplo, los budistas utilizan para fundirse en la esencia de Buda las tres funciones que son el pensamiento, la palabra y la acción. El budoka hace lo mismo para alcanzar la unidad con su compañero, para ello utilizará la voluntad concretizada (la intención), el kiai y la acción del cuerpo. En ambos casos, los sabios comprendieron que el hombre estaba provisto tanto de facultades mentales  como psíquicas y que estas facultades debían ser desarrolladas al mismo tiempo que las musculares. </p>
<h4>Fudô  Myô-ô </h4>
<p>Existen cinco Myô-ô, pero Fudô es sin duda alguna el más popular y también el más importante, porque está situado en el centro del mandala o esquema de la meditación. Como uno de sus atributos es el sable, fue adoptado como deidad tutelar por los Samuráis. El sable fue entonces identificado a Fudô Myô-ô. Por ello tampoco era raro ver la marca de Fudô grabada en la hoja del sable como talismán protector. En las prácticas mentales de concentración, visualización y meditación, Fudô Myô-ô se sitúa en el centro de un círculo rodeado en el norte por <strong>Kongo-Yasha Myô</strong>, en el sur por <strong>Gundari Myô-ô</strong>, en el este por <strong>Kozanze Myô-ô</strong> y en el oeste por <strong>Daïtoku Myô-ô</strong>. Cada una de estas formas representa un conocimiento que se relacionan con una determinada facultad psíquica o espiritual en potencia a desarrollar. La posición central de Fudô ya nos da una idea de su cualidad, la  centralización.</p>
<p>Como ya hemos dicho, Fudô Myô-ô es la deidad de los hombres de acción, ya sean monjes Shingon, ascetas guerreros o Samuráis. Y es por esta razón que forma parte de las divinidades enfurecidas, siendo ante todo el destructor de los vicios y pasiones. Personifica la firmeza de espíritu y la voluntad de destruir el mal.</p>
<p>Si nos fijamos bien, encontramos en la representación simbólica de esta deidad todos los medios para llegar al dominio mental en una progresión ascendente pasando, etapa por etapa, desde el apaciguamiento, control,  iluminación y  fusión con el universo, hasta el estado de vacuidad perfecta y definitiva. Es un programa ambicioso, pero nos permite a los menos elevados de entre nosotros utilizar esta forma con fines más prácticos.</p>
<p>En el Budô tradicional y en un estado relativamente avanzado, el enemigo principal es la mente, y qué es la mente sino el conjunto de los pensamientos dinamizados por los remordimientos del pasado, los deseos del presente y las ambiciones del futuro. Es esta facultad mental la que nos permite experimentar, comprender y esclarecer nuestra inteligencia. Y es también, la que nos conduce a la ilusión de pensar de manera restrictiva y egocéntrica, por lo cual la pura conciencia se ve alterada como lo es la superficie de un lago al soplar el viento. Todos los maestros del Budô enseñan que es necesario no identificarse con lo particular para entrar en lo universal. Debemos dejar de mantenernos en la superficie del océano y  de pensar que somos una de las miles de olas que aparecen y desaparecen, para penetrar en las profundidades del océano y descubrir otros valores (belleza, silencio, pureza, etc.) Una ola que ha comprendido esto se funde en el océano llegando a ser una con él, conociendo  la naturaleza de todas las otra olas. Lo mismo le ocurre a un Budoka que no puede percibir la profundidad de su espíritu y la de sus enemigos, a no ser que detenga por su  voluntad las olas (pensamientos) de su sustancia mental. Este representa el combate más duro al cual todo hombre debe enfrentarse tarde o temprano. Es una batalla que pide sutilidad, esfuerzo, coraje, paciencia y buen humor.</p>
<p>Veamos pues en que nos puede ser útil Fudô Myô-ô. Para empezar a Fudô se le representa siempre sentado o de pie sobre la mítica montaña de Meru, que geográficamente representa el eje de los polos, el centro alrededor del cual gira el universo. Este eje norte-sur simboliza nuestra espina dorsal, el sendero por donde pasa la vida. Como Fudô, el hombre debe estar solidamente enraizado tanto en la tierra como en el cielo. Su conciencia deber estar fija, lo cual significa su inmovilidad frente a la agitación del mundo (o a los enemigos) Este es el primer símbolo que necesitamos conocer y que representa un estado de la mente llamado FUDÔ SHIN, la mente inmóvil. Este control particular de nuestra mente se alcanza por la necesidad de concentrarse bien durante el geiko marcial, pero sobretodo durante la meditación. La mente se calma rápidamente por la practica del nembutsu, la recitación de los nombres de Buda o de cualquier otro mantra relacionado con Fudô. Durante este tipo de trabajo, la mente se ve absorbida por la visualización de la imagen, por la recitación del nombre y por el paso de las cuentas del rosario. Poco a poco la mente se calma, el corazón disminuye su latir y la respiración se vuelve imperceptible, el ki ya no alimenta los sentidos y la mente se cierra a las sensaciones exteriores. Finalmente todo se extingue y ya no queda nada más que la conciencia no alterada, la pura vacuidad.</p>
<p>Alguien que ha alcanzado el estado de Fudô Shin está en completa calma. Ya no tiene una mente excitada, que continuamente está hablando e imaginando sino que, todo lo contrario, se convierte en un observador sereno y desprendido, nada a su alrededor puede ya desestabilizarle. Para simbolizar algunos de sus atributos, Fudô puede aparecerse a través de muchos colores. En ocasiones como rojo (Aka Fudô), o amarillo (Ki Fudô), pero el más típico es el azul oscuro (Aoi Fudô), que representa la actividad mental, el sentido del yo egótico. A través de este color de trascendencia (el objetivo a alcanzar), la mente (shin) va a ser  objeto de una intensa concentración (shô-jô), con el fin de poder dejar filtrar la luz del alma y de la intuición (bodaï-shin) Este estado no puede alcanzarse sin antes haber purificado las pasiones, los deseos y las ataduras, representadas por el color rojo de su vestimenta. Se dice que bodaï-shin está presente en un hombre cuando éste tiene una poderosa aspiración a la iluminación interior.</p>
<p>Al segundo estado mental se le llama MU-SHIN, literalmente: sin mente. Es un estado no permanente, pero durante el cual el pensamiento es mantenido estable como puede serlo el agua reducida al estado de hielo. Son momentos que todos los budokas conocen, pero que pasan con tal rapidez que no pueden ser objeto de un análisis objetivo. Sin embargo es en esos momentos que el judoka, o el karateka pasa sus pruebas sin saber cómo sucede todo. En las artes marciales más estáticas, tales como la arquería (Kyudô), la mente se disuelve y se funde en cada particularidad del ritual, obteniendo el mismo resultado. La ola del ego se une al océano de la vacuidad. La única manera de llegar a una cierta permanencia de la no-mente es sentarse y meditar como lo ha hecho siempre un verdadero practicante de Budô.</p>
<p>Alrededor de la figura de Fudô Myô-ô pueden observarse llamas, que son poderosas energías puestas a disposición de la verdad, la cual no puede ser revelada mientras las impurezas unidas al corazón humano no sean consumidas en el gran fuego purificador. Generalmente el cuerpo de Fudô Myô-ô es el de un adolescente, que nos recuerda la pureza original de su naturaleza.</p>
<p>Aquello que más sorprende a los extranjeros que contemplan su figura por primera vez, es su terrorífico rostro. Tiene largos y erizados cabellos, su expresión es amenazante, su entrecejo está fuertemente fruncido, bizquea con su ojo izquierdo medio cerrado, mientras que el derecho está completamente abierto y es de color rojo. Su sonrisa es un desagradable rictus que deja entrever dos hendiduras.</p>
<p>Veamos el simbolismo de estas actitudes. El rostro en cólera tiene por objetivo poner en fuga a los enemigos de la verdad del Buda. El ojo derecho representa el Espíritu puro de la vacuidad, el poder de la voluntad que impone al ojo izquierdo (la mente), su ley y su dominación. Sus dos protuberantes colmillos están para romper los obstáculos del mundo físico y psicológico (dientes hacia arriba), o del mundo tosco (dientes hacia abajo) Su boca cerrada sugiere el silencio de la doctrina oculta, y es también la imagen de la disolución del aliento (inspiración- expiración), símbolo del desequilibrio. </p>
<h4>La espada (Ken) </h4>
<p>El principal atributo de Fudô Myô-ô es la espada que lleva en su mano derecha, el aspecto yang de la técnica que permite penetrar la verdad del Ser. Su nombre simboliza precisamente este descubrimiento porque Myô-ô  significa: “el resplandor del conocimiento que destruye la oscuridad de la ignorancia“. Es por ello que su nombre secreto es “el Diamante eterno e inmutable”, la expresión de un estado de la conciencia superior llamada MU-GA, la conciencia sin ego, sin mente.</p>
<p>La espada o Ken, representa en este caso la victoria del Ser real sobre el no-ser egótico. La punta demuestra la perfecta concentración, la parte cortante la pura discriminación entre los pares de opuestos. La mente permanece como el receptáculo de bodaï (el alma), y su intuición es tal que puede penetrar el corazón más íntimo de la doctrina del despertar. La espada o ken se convierte en Eken, la espada de la sabiduría o vacuidad. Esta espada está en ocasiones rodeada por un Dragón en posición vertical, representando la espina dorsal (el sendero o Dô) por la cual se eleva esta misteriosa fuerza (el Dragón) llamada por los yoguis hindúes: “Serpiente Kundalini”. Cuando este poder es despertado y elevado hasta el cerebro, el hombre se convierte en un maestro, alcanzando su objetivo. La consecuencia de esta  fusión del fuego del Dragón con el fuego del Espíritu, es la disolución del ego y la percepción de la realidad como vacuidad, teniendo como consecuencia esa comprensión abstracta de la naturaleza de lo real. Es el SATORI, durante el cual la conciencia realiza la unidad y la armonía con el universo (WA) Para una persona así, la vida y la muerte tienen el mismo significado (Seishi-ichinyô) La espada es fundamentalmente el emblema de la victoria del conocimiento sobre la ignorancia, ya que corta el nudo de los problemas más complejos. </p>
<h4>La Cuerda (Kensaku) </h4>
<p>En su mano izquierda, Fudô Myô-ô lleva la cuerda. Es la trampa utilizada por Fudô para atrapar a la mente que está siempre en perpetuo movimiento e inmovilizarla. Y es también gracias a esta cuerda que los hombres llenos de compasión (Bosatsu), atrapan a los hombres ignorantes o malos y los conducen por la doctrina del Bendecido.</p>
<p>En el budismo tántrico japonés, se dice que el ladrón (ego) es abatido con la cuerda Kai (los preceptos), seguidamente es atado con la cuerda Jô (la concentración), y finalmente es muerto por la cuerda E (sabiduría)</p>
<p>Si la cuerda está  en la mano izquierda, representa la parte objetiva de un estado subjetivo. La izquierda representa el mundo de los efectos, mientras que la derecha representa las causas. La cuerda está colocada en círculo para sugerir el vacío del espacio, es la imagen del cero absoluto en el cual la conciencia iluminada ya no diferencia  entre el yo de Dios y el yo del mundo.</p>
<p>Con este artículo hemos visto sólo un poco de la simbología de esta divinidad,  la cual tiene numerosos atributos que pueden también encontrarse entre los otros cuatro Fudô Myô-ô. Dado que el Budô es una expresión de la cultura nipona, me ha parecido interesante desvelar algunos de sus elementos. </p>
<p><strong>Michel Coquet </strong></p>
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		<title>Aikido. Filosofía de vida</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 11:52:33 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Jordi Vila]]></category>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>En una reciente entrevista realizada al Sensei Robert Frager 6º Dan,  que tuvo el privilegio de practicar en los años 60 junto a O-Sensei,  le preguntaron cuál era su mejor recuerdo de la estancia pasada junto a Morihei Ueshiba. Él contestó que un día se levantó de buena mañana como era su costumbre y tras realizar algunos ejercicios de Yoga en el exterior de la casa,  entró a su habitación para hacer su meditación matutina. Para su sorpresa, aquel día su mente se encontraba calmada y experimentó una cierta paz interior. Sintiéndose muy bien consigo mismo y sabiendo que en aquella época en el Aikikai Hombu Dojo se practicaba con el mismo uke durante toda la sesión, pensó que ese día entrenaría duro con algún segundo o tercer Dan (él era 1º Dan) con la intención de progresar lo más rápido posible. Pero antes de empezar la clase una chica occidental amiga suya se le acercó junto a un joven australiano, Bob, que vestía kimono nuevo y cinturón blanco,  dejándolo a su cuidado. De pronto sus planes se vieron truncados y por su mente pasaron mil ideas y escapatorias posibles a una situación incómoda. Sólo tenía dos opciones practicar con un novato recién llegado o dejarlo a su suerte junto a los japoneses, y nunca mejor dicho porque no en vano el Aikikai Hombu Dojo recibía el sobrenombre del dojo del infierno, debido a la dureza de sus entrenamientos. Finalmente pensó que lo correcto era entrenar con Bob y olvidarse de sus perspectivas iniciales. A lo largo del entrenamiento miraba con envidia como sus compañeros japoneses literalmente volaban de un lado a otro en un sinfín de proyecciones, que daban un aspecto irreal y descorazonador a su propia situación, frente a un alumno novel que apenas si sabia moverse. No obstante se armó de voluntad y decidió ofrecerle a Bob el mejor Keiko (entrenamiento marcial) que jamás hubiera tenido, forzándolo hasta sus límites. Al cabo de un rato apareció en el tatami O-Sensei. Todos se sentaron en seiza y Ueshiba los escrutó con la mirada, al cabo de unos instantes y ante la sorpresa de todo el mundo dijo: “Nadie aquí está haciendo Aikido de verdad. No habéis entendido lo que es el Aikido. Ninguno de vosotros intenta <i>cooperar</i>. Nadie excepto por él”  y señaló directamente a Robert Frager. En ese momento se dio cuenta de que O-Sensei había comprendido todo el drama por el que había estado pasando y cómo había reaccionado. Un regalo que jamás olvidó y que aún ahora, después, de muchos años sigue reciente en su memoria.</p>
<p><span id="more-92"></span></p>
<p>Tal vez la clave sea esa precisamente, y es que el Aikido es algo más que un arte marcial de defensa personal. Es todo un sistema de vida, de comprensión de la unidad en la diversidad, de la cooperación frente a la competición. Son estos testimonios de la vida de O-Sensei los que tendrían que hacernos reflexionar sobre qué representa el Aikido para nosotros y de qué forma puede ser para nosotros una filosofía de vida.</p>
<h4>Filosofía</h4>
<p>El Aikido es si mismo una vía de realización que reviste cuatro importantes aspectos, por una parte el educacional a través del cual el aikidoka va formando su carácter y actitud hacia la vida, el histórico que le sirve de base para distinguir y comprender la evolución de lo que fue el Aikijutsu y lo que luego se transformó en el Aikido, el práctico que le permite plasmar tanto en el ámbito físico como en el social todo lo aprendido, y por último el filosófico que le permite en lo más amplio del término realizar su verdadera naturaleza humana, manifestando aspectos como la bondad, la humildad y la compasión.</p>
<p>Todo la estructura técnica del  Aikido se apoya en nueve pilares que representan las puertas de un  mándala y que conforman  el sendero hacia la propia identidad. En anteriores artículos ya hemos hablado de ellos por lo que aquí solamente los citaremos: Siho, Irimi, Kaiten, Kokyu, Osae, Ushiro, Tenshi,  Aiki-Ken y Aiki-jo, y para finalizar Ukemi.</p>
<h4>Las cuatro gratitudes</h4>
<p>La belleza de la gratitud puede ser comparada al despertar del día, a la sonrisa del bebé, al incomparable sonido del bosque, con el canto de sus pájaros y el murmullo del arroyo. O-Sensei despertaba cada día con el agradecimiento en su corazón, las palmas juntas, la mirada en el horizonte, mostraba su agradecimiento hacia el universo, hacia sus padres, hacia la humanidad entera y hacia los tres reinos. El primer agradecimiento empieza con el Rei (saludo) frente al Kamiza en el Dojo. Es el profundo respeto mostrado al fundador que hace posible que nosotros practiquemos  Aikido. Veamos pues cuales son estas cuatro gratitudes que vienen definidas por los cuatro puntos cardinales: </p>
<ul>
<li>Gratitud hacia el Universo: desde los albores de los tiempos el hombre se ha postrado ante el despertar de la vida, que viene representado por el nacer del sol. Es una gratitud innata que surge con  sinceridad desde del corazón y que el hombre humilde comprende en toda su amplitud. Gracias al don de la vida podemos disfrutar de la inmensidad del océano, de la majestuosidad de la montaña, del despertar de la vida y de su constante renacer. Esta gratitud hacia la creación, este respeto por la naturaleza y por lo que la madre tierra nos ofrece fue siempre reconocida por O-Sensei, que cada mañana agradecía al despuntar  del sol la oportunidad de un día más. En su espíritu estaba siempre presente el agradecimiento por todos aquellos acontecimientos que en la vida diaria se sucedían. Un día mientras entrenaban bajo el sofocante calor del dojo, una suave brisa los refrescó y Ueshiba dijo: “Bienvenida seas Sra. Brisa, por refrescarnos con tu soplo.”  Agradecía al sol por su luz y calor, a la luna y las estrellas por la paz de espíritu que le producían, al agua por la bendición de apaciguar su sed. Su vida era una continua oración de agradecimiento.</li>
<li>Gratitud hacia nuestros antecesores y progenitores:  implica un reconocimiento de gratitud al esfuerzo que nuestros padres han hecho por nosotros, al darnos la educación y las herramientas necesarias para poder subsistir en nuestra vida. Al sacrificio de mantenernos y otorgarnos la salud y fuerza de carácter, para ser lo que ahora somos. Gratitud hacia nuestros abuelos y demás parientes que nos han proporcionado una familia y unos ideales que han forjado nuestro carácter y personalidad. Gratitud hacia todos nuestros maestros y educadores.</li>
<li>Gratitud hacia la humanidad: nuestro limitado ego, orgulloso siempre él de su grandeza, nos hace olvidar con demasiada frecuencia la deuda de gratitud que tenemos hacia toda la humanidad. Sin la sociedad, con todo lo que ella implica, nuestra vida sería casi imposible. A pesar de que la dualidad existe en todas sus formas y lo positivo se alterna con lo negativo, la sociedad con todos sus pros y contras nos da la posibilidad de desarrollarnos como seres humanos. Debemos ser respetuosos y agradecidos al científico que con sus descubrimientos cura nuestra enfermedad, al ingeniero que nos permite salvar barreras naturales y viajar a velocidades jamás sospechadas, al barrendero que evita la suciedad y con ello las enfermedades. Los ejemplos podrían ser realmente infinitos.</li>
<li>Gratitud hacia los tres reinos, el mineral, el animal y el vegetal: la cultura occidental ha olvidado la deuda de gratitud que tiene con los reinos a los que ha denominado “inferiores”.  Imaginemos por un momento que desaparecen todos los bosques del planeta. Qué ocurriría si los animales, desde el más insignificante al más gigantesco, desaparecieran de la faz de la tierra. Inimaginable, ciertamente, pero nos dará un ligero conocimiento del porqué O-Sensei era tan respetuoso con la naturaleza y todo su entorno.</li>
</ul>
<h4>Las cuatro cualidades</h4>
<p>Cuatro son las principales cualidades que debe cultivar un aikidoka. O-Sensei no quiso que el Aikido fuera competitivo, decía que eso sólo serviría para engrandecer el ego e impediría uno de los mayores objetivos del Aikido: crear unión y armonía entre todos los seres. Él quiso que el Aikido fuera un puente de unión entre toda la humanidad. Como aikidokas deberíamos desarrollar cuatro cualidades básicas, que nos permitiesen llevar a cabo el sueño de O-Sensei. </p>
<ul>
<li>Coraje: el aikidoka es un guerrero, un guerrero de la paz y la armonía, pero en definitiva es alguien que afronta con bravura y decisión los embates de la vida. Bravura que no tan sólo se manifiesta en el tatami sino también en la vida diaria, manifestando coraje y arrojo ante situaciones difíciles. Sorprende ver como se habla del Aikido como un arte marcial “flojo”, se olvida con demasiada frecuencia que en época de O-Sensei el Hombu Dojo recibía el sobrenombre de:  “dojo del infierno”, debido a la dureza de sus entrenamientos y a la eficacia de sus practicantes&#8230;</li>
<li>Conocimiento: para Ueshiba el saber y el estudio constante eran imprescindibles, decía que la vida era un libro abierto del cual podíamos adquirir gran conocimiento. Él mismo se sumía durante horas en el estudio de voluminosos libros sobre religión y filosofía. El aikidoka a de ser una persona con conocimiento, que debe saber responder a los requerimientos de aquél que lo necesite, su formación no debe ser simplemente técnica, debe de abarcar también el espíritu.</li>
<li>Amor : amor a los demás, amor a la vida, amor creativo que genere luz y calor. No hablamos aquí de un amor débil y egoísta, hablamos de un amor que da pero que no toma. Sin amor no hay vida, porque el amor es la cohesión que mantiene la armonía entre los pares de opuestos, como decía O-Sensei: “El camino del guerrero no es el de destruir sino el de dar vida, crear continuamente. Sin amor nada puede florecer. Si no existiera el amor entre la humanidad, sería el fin de nuestro mundo.”</li>
<li>Empatía: o afinidad con los demás, es no considerarse un mundo aparte y comprender nuestra íntima relación con todo y todos aquellos que nos rodean. Empatía con aquellos que sufren, con aquellos que sonríen, con los que lloran, con aquellos afortunados que la vida les ha sonreído, con el enfermo postrado en la cama de un hospital, con el mendigo que nada tiene.</li>
<li>La vida es un continuo desafío y estas cualidades hacen del aikidoka un ser preparado para la vejez, la enfermedad, la muerte&#8230; La vida se sucede y los acontecimientos nos desbordan, en un continuo devenir de felicidad y tristeza. La ecuanimidad que el Aikido debe proporcionarnos se ve reflejada en estas cuatro cualidades. O-Sensei decía. “Cada día de nuestra vida contiene la felicidad y el sufrimiento, el dolor y el placer, la luz y la oscuridad, el crecimiento y la decadencia. Cada momento está repleto del gran designio de la vida, no te opongas a él. Mira siempre con alegría hacía delante y acepta todo aquello que venga.”</li>
</ul>
<h4>La Hakama y sus siete virtudes</h4>
<p>Actualmente la hakama se ha convertido en algo parecido a un grado, a un cinturón. Observamos como en la mayoría de los dojos ha llegado a ser sinónimo de experiencia, antigüedad y dominio de la técnica. Incluso en muchos dojos son sólo los yudansha (1º Dan) los que visten la hakama. Sin embargo la hakama tiene un gran valor simbólico y si nos referimos a antiguos alumnos directos de Ueshiba, veremos que para O-Sensei era muy importante y no tenía el mismo significado que en nuestros días le damos. Para O-Sensei el Aikido debía unirnos a todos sin diferencia alguna, ya sea de color, cultura, religión o grado.  Antiguamente todo el mundo llevaba hakama, era una cuestión de etiqueta, de tradición y de conocimiento profundo de su sentido. Como dijo O-Sensei: “Vistiendo la hakama debemos ser conscientes de que simbolizamos tradiciones antiquísimas, que han ido pasando de generación en generación hasta nuestros días. El Aikido ha nacido del bushido, del verdadero espíritu del Japón y en nuestra práctica debemos esforzarnos por conseguir y plasmar las siete virtudes que representan la hakama.”</p>
<p>La hakama está  compuesta por siete pliegues y cada uno de ellos representa una virtud: </p>
<ul>
<li>Jin: la benevolencia y la compasión, que anima el corazón de todo aikidoda sincero.</li>
<li>Gi: honor y justicia. O-Sensei definía también al Aikido como el arte de la Paz. Sin honor y justicia no podemos ser portadores de dicho estandarte, un carácter puro y noble, manifiestan el sendero por el cual discurre la vida de un aikidoka.</li>
<li>Rei: cortesía y etiqueta. La corrección y el buen comportamiento hacen de una sociedad el ejemplo de sus semejantes. No es necesario hablar, no es imprescindible convencer, nuestra actitud cortés y respetuosa con los demás, con sus ideas, con sus formas de ver la vida, deben formar parte de nuestro carácter. La etiqueta, aunque parezca en ocasiones superflua, es la que permitirá mantenernos con rectitud y sinceridad en el sendero. Nuestro aspecto externo es la manifestación de nuestro estado interno.</li>
<li>Chi: sabiduría e inteligencia, virtudes que podemos forjar para formarnos personalmente y para responder a las inquietudes de aquellos que nos rodean. Formaran nuestro carácter y personalidad.</li>
<li>Shin: sinceridad. Estamos demasiado habituados a la mentira y al engaño, decir la verdad y ser sincero en nuestro camino debe convertirse en algo habitual. Si nuestra práctica no es sincera, si nuestros ataques como ukes son pobres y faltos de pureza, si nuestro trabajo como tori es simple mecánica, jamás progresaremos en el Aikido. Si nuestro carácter es mezquino y nuestra fin político, nuestro espíritu se verá empañado y es imposible que el verdadero significado del Aikido se nos manifieste en toda su pureza.</li>
<li>Chu : lealtad. Un concepto hoy en día sin mucho sentido pero que para el Aikidoka es imprescindible. Lealtad hacia sí mismo, hacia su maestro y hacia sus compañeros. Nuestro carácter occidental es muy dado a juzgar, a poner en tela de juicio lo que el maestro nos enseña, la capacidad y habilidad de nuestros compañeros, el creerse que ya se sabe todo. Un cierto discernimiento es necesario para evolucionar, pero es imprescindible ser leal y correcto mientras recibimos la enseñanza.</li>
<li>Koh: piedad. En Aikido nos armonizamos, reconducimos e inmovilizamos, pero en nuestro espíritu debe existir una gran piedad por aquél que emplea la agresividad, el odio y la violencia, contra nosotros. La piedad no debe ser tan sólo manifiesta para aquellos que sufren y nada tienen, aquellos que mucho tienen también sufren y aquellos que expresan las cualidades animales más bajas también deben ser objeto de nuestra piedad.</li>
</ul>
<h4>Makoto</h4>
<p>Makoto son los actos verdaderos. Es la unificación del pensamiento, la palabra y la acción. Sin embargo en nuestros días pensamos opuestamente a como actuamos y nuestra palabra es contradictoria y casi jamás refleja nuestro pensamiento real. Cuando realizamos una técnica, no existe tiempo suficiente para maquinar, buscar salidas o ser falso, nuestra reacción debe ser instantánea, sincera y convincente. De nuestro centro fluye el ki que todo lo armoniza, pero para ello Makoto debe estar presente. Nuestra técnica debe ser sincera y  fiel reflejo de nuestro constante entrenamiento. Como un rayo de luz que surge de la nada, nuestro pensamiento ( captación de la energía de nuestro uke y aplicación del movimiento), nuestra palabra (el kiai, manifestación externa de nuestro ki) y nuestra acción (la técnica), han de ser uno, sincero y verdadero en toda su pureza. Sólo entonces seremos capaces de afrontar el ataque.</p>
<h4>Mukeito</h4>
<p>Podríamos decir que Mukeito es el soporte del Aikido, representa la no-resistencia, la no-acción, la adaptación al movimiento, lo que para los taoístas sería el “wu wei”. La resistencia crea conflicto y con él aparece la violencia. El Aikido es una vía de no-resistencia, de adaptación a las situaciones, un fluir continuo con la vida. Pero hablamos de una no-resistencia activa y consciente, no de un abandono de la acción, de un dejarse llevar para no tomar decisiones. La no-resistencia es sinónimo de no-violencia, no dañar a los demás aunque quieran dañarnos, requiere de mucho coraje y arrojo. Es una no-violencia activa que pretende proteger a aquellos que hacen uso de ella. O-Sensei encarnó mukeito a lo largo de su vida y el Aikido es su ejemplo.</p>
<h4>Masakatsu Agatsu Katsuhayabi</h4>
<p>Para finalizar hablaremos sobre un concepto al que Ueshiba daba mucha importancia y que es la base de cualquier sendero espiritual: “Masakatsu Agatsu Katsuhayabi” y que puede traducirse como: “La verdadera victoria sobre sí mismo aquí y ahora”. Durante nuestra práctica, realizada con  sinceridad y constancia, nuestra mente a de ser una con el movimiento y la acción. Del aspecto técnico, del keiko continuo debe surgir la victoria sobre nuestra naturaleza animal y brillar las cualidades humanas. La verdadera victoria sobre si mismo aquí y ahora, nos liberará de los apegos de la ilusión, de la dualidad, resurgiendo a la luz de la verdad y el amor, del que O-Sensei tanto hablaba. No es la victoria sobre un enemigo al que debemos subyugar, es la victoria sobre nuestra mente, sobre nuestra naturaleza inferior. Una antigua historia refleja este concepto: Un joven guerrero visitó a un gran yamabushi (monje asceta) de las montañas, famoso por poseer una espada invencible. El guerrero le exigió que le revelase los secretos de dicha espada a lo que el yamabushi accedió con una sola condición: “Debes mantener una vida casta y ascética, meditar durante varias horas al día, recitar algunos mantras que te daré y entrenarte en varias técnicas que te enseñaré. Haz todo esto durante veinte años y después te revelaré los secretos de la espada que te harán invencible.” El guerrero sin dudarlo siguió las instrucciones que el yamabushi le indicó y tras veinte años de dura práctica volvió a visitar al monje. Manteniendo su promesa el yamabushi materializó la espada y se la dio. El guerrero la sostuvo unos instantes tras lo cual sonrió y se marchó a las montañas. Ya no necesitaba de ninguna espada&#8230; </p>
<p><strong>Jordi Vila Vila</strong><br/><br />
jordivil@jazzfree.com<br/><br />
Karate Club Hirota &#8211; Barcelona</p>
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